jueves, 22 de junio de 2017

Ventana a lo insólito




























No me atraen demasiado las fotos en las que el elemento insólito se muestra por obra de la composición, del contraste de heterogeneidades, del artificio en último término. Si lo insólito sorprende, también él tiene que ser sorprendido por quien lo fija en una instantánea. La regla del juego es la espontaneidad, y por eso las fotos que más admiro son técnicamente malas, ya que no hay tiempo que perder cuando lo extraño asoma en un cruce de calles, en un juego de nubes o en una puerta entornada. Lo insólito no se inventa, a lo sumo se favorece, y en ese plano la fotografía no se diferencia en nada de la literatura y del amor, zonas de elección de lo excepcional y lo privilegiado.


Como en la vida, lo insólito puede darse sin nada que lo destaque violentamente de lo habitual. Sabemos de esos momentos en que algo nos descoloca o se descoloca, ya sea el tradicional sentimiento deja vù o ese instantáneo deslizarse que se opera por fuera o por dentro de nosotros y que de alguna manera nos pone en el clima de una foto movida, allí donde una mano sale levemente de sí misma para acariciar una zona donde a su vez un vaso resbala como una bailarina para ocupar otra región del aire.































Fotos :
Vari Caramés


Texto:
Julio Cortázar




domingo, 18 de junio de 2017

La piscina















































Fotos:
Maria Svarbova




sábado, 10 de junio de 2017

Capturar la esencia








Cuando te acercas a algo para fotografiarlo, tienes que encontrarte contigo mismo hasta que el objeto de tu atención se haga presente. No se irá hasta que hayas capturado su esencia.






















Mientras viajas con una cámara a veces llegas justo cuando el sol se está poniendo tras el horizonte. Es un poco tarde para hacer una foto, pero es suficiente para exponer tu corazón 


















No importa que tardes mucho, el espíritu siempre permanecerá lo suficiente.











Fotos y texto:
Minor White




lunes, 5 de junio de 2017

viernes, 2 de junio de 2017

Everglades and the Unnamed Road


















Me gusta tomar fotos. Mi cámara captura lo que siento más allá de lo que veo. Tomar una foto requiere sólo el parpadeo de un momento, pero mi ojo quiere penetrar a través de la superficie de la realidad y alcanzar la eternidad. El proceso de impresión completa mi viaje de creación de imágenes. Ahí es cuando el espectador puede sentir mi mensaje además de ver la imagen. La cámara es una herramienta muy mágica para mí.






















He desarrollado mi propio proceso: la impresión en papel artesanal hecho a mano. Lo hago porque quiero producir algo que va más allá de una imagen: quiero que la gente sienta el trabajo como un objeto. Este proceso requiere mucho trabajo físico y tiempo, así como paciencia mental y resistencia. 





















Fotos y texto:
Jungjin Lee




martes, 30 de mayo de 2017

Again and Again













Las obras se muestran colgadas en una pared forrada con papel pintado. Lo utilizo en casi todos mis proyectos. Para mí el papel pintado simboliza una cierta quietud, lo cotidiano, el confort. Habla de la historia de la familia, de la privacidad, dice muchas cosas sobre el ser humano. 

















Soy un fotógrafo que hace libros. Esto supone una gran disciplina para mí. Cuando hago un libro, soy yo quien decide todo: maquetación, orden de las imágenes, significado del libro y texto que acompaña a las imágenes. He elaborado 29 distintas versiones del libro Unknown. Se trata de un nuevo concepto de la fotografía. Pero aun así sigo considerándome un fotógrafo, ya que para transformar mis libros necesito alimentarlos de nuevas imágenes.

















A mis casi 70 años quiero ir más allá de la fotografía e intentar algo nuevo. Esto hace que mi vida sea muy interesante. Soy bastante pesimista, pero me gusta vivir. Caemos siempre en los mismos errores y la vida sigue su curso. Si miramos al siglo pasado vemos que fue una gran tragedia, pero aun así somos capaces de creer en los sueños. 






  









Fotos y texto:
Stéphane Duroy